En buena hora, el presidente Javier Milei, impulsa una nueva reforma a la Carta Orgánica del Banco Central (BCRA). La calificación de “buena”, responde a que, al parecer, dejó de lado la falacia de clausurar el Central, o de impulsar una dolarización de la economía, entre otras poco realistas decisiones de política económica esbozadas cuando aspiraba a la presidencia de la Nación. Una economía como la argentina, que lleva décadas de inestabilidad, pérdida sistemática de competitividad y deterioro de sus instituciones económica y políticas, no puede renunciar a ningún instrumento de política económica. Cerrar el Banco Central, hubiera significado renunciar a un instrumento fundamental; la política monetaria.

La economía lleva siete décadas de deterioro económico, con crisis recurrentes, penduleando entre esquemas económicos insostenibles. Por épocas el peso del sector público se torna insostenible. En esta situación, los impuestos no son suficientes para financiar el desbordado gasto público, que, en general, suele ser improductivo. Es decir, no contribuye a mejorar ni el capital físico ni el capital humano; por lo tanto, el gasto público se torna un impedimento para el desarrollo económico.

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Cuando se agota el modelo del sector público paquidérmico sobreviene una crisis de financiamiento. El sector privado está debilitado, estrangulado con impuestos, con caída de la inversión por falta de crédito, y por incertidumbre creciente, lo que induce a que crezca el endeudamiento, mediante la sobre emisión de bonos y crece la desconfianza externa e interna sobre la capacidad de pago de esa deuda. Este proceso desincentiva el ahorro y la inversión, lo que, termina afectando al sector productivo, porque sin ahorro no puede haber inversión. Sin inversión, no puede haber crecimiento del empleo en cantidad, pero, sobre todo, en calidad.

Cuando sobreviene el desborde del gasto público y se produce una crisis, como consecuencia del agotamiento de las fuentes de financiamiento, el modelo económico se desmorona y se hace necesario cambiarlo. Las condiciones están dadas para que la economía vaya al otro extremo del péndulo. Esta vez pasa por tener que impulsar una reducción del tamaño del sector público, que viene acompañado de una reestructuración de la deuda pública, control del gasto, reducción de la emisión monetaria, lo que implica suba de tasas de interés y acciones tendientes a recrear la confianza. Pero, esa agenda no es de corto plazo. Requiere un diseño de políticas económicas prudentes, monetarias y fiscales poco expansivas lo que afecta el nivel de actividad en el comercio, las PyME, la generación de trabajo. Entonces, el modelo vuelve a estar en debate, y nuevamente se activan las fuerzas que movilizan el péndulo

El gobierno de Milei busca avanzar con la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central

La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de marzo de 2012 (Ley 26.739) fue precisamente el reflejo de una visión que sostiene que la política monetaria expansiva resuelve gran parte de los problemas de la economía. La visión del ya célebre “plan platita”. Imprimir moneda, para que movilizar el consumo, lo que repercutirá en elevar la inversión y el nivel de actividad. En esta visión el Central debe impulsar el empleo y el desarrollo económico y acrecentar los límites de financiamiento al Tesoro.

Múltiples objetivos

El BCRA tiene como finalidad promover la estabilidad monetaria y financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social. Al mandato exclusivo de preservar el valor de la moneda se le sumaron múltiples objetivos. En relación al crédito, la ley le otorga mayores facultades para regular el funcionamiento del sistema financiero, exigiendo a los bancos comerciales encajes y reservas diferenciales para orientar los créditos hacia las PyME y las economías regionales. Es decir, dirige el crédito. Es muy claro, que a 16 años de que estas modificaciones están vigentes, no se lograron alcanzar esos objetivos. Es más, desde marzo de 2012 a la fecha, la inflación minorista acumulada es de 3.500%. Es evidente que tampoco se preservó el valor de la moneda.

Aún no se conoce el proyecto de ley que impulsa el Poder Ejecutivo de modificación de la Carta Orgánica del Central, pero por los trascendidos, se avanza en regresar al único objetivo de preservar el valor de la moneda. El péndulo otra vez en acción. Probablemente, se incluirán sanciones a los directivos que autoricen financiamiento al Tesoro Nacional, como un disuasivo extremo y como señal de que la emisión monetaria no será una fuente de financiamiento de los desequilibrios fiscales. Si el gobierno no puede financiarse con impuestos o, mediante la emisión de deuda, estará la posibilidad de un shutdown (en inglés significa “cierre” o “apagón”). Es decir, la interrupción parcial o total del funcionamiento de un gobierno, debido a la falta de fondos o autorización legal para seguir operando.

Sobrevuelo sobre las ideas del gobierno para el Banco Central

El problema de fondo de la economía argentina, no son los instrumentos de política económica, sino la mala calidad con que se diseñan e implementan esas políticas. El péndulo es probable que siga oscilando entre más o menos sector público, más o menos políticas expansivas de corto plazo, pero mientras no haya una estrategia que trascienda las urgencias, se salga del “modo parche”, y ordene incentivos, instituciones y expectativas, la economía seguirá sumergida en su propia arquitectura de fragilidades acumuladas. La pregunta, siempre latente, es: ¿se podrá construir un rumbo con menos oscilaciones pendulares y más sostenible?